Consejos para entender a los albaneses
Para entender a los albaneses lo primero que tenemos que recordar es que Albania ha estado literalmente aislada del mundo, y “hasta hace dos días” era un país tan misterioso como lo puede ser hoy Corea del Norte.
Tras 50 años de dictadura que llegan nada menos que hasta el año 1991, la población no tenía, o los tenía muy mermados, derechos humanos, ni libertad de expresión.
Se reprimía de manera brutal cualquier posible disidencia y a esto hay que añadir que las denuncias de familiares y vecinos eran la primera fuente de información. Hubo miles de muertes y decenas de miles de prisioneros.
Hasta aquí tenemos un país con mucho miedo de su tirano y una obligada y saludable desconfianza del prójimo, a esto hay que añadirle que, tras la caída del comunismo, Albania era un país arruinado. La demente obsesión de su dictador por hacer búnkeres, para protegerse de una invasión que nunca ocurrió, consumió los fondos del país.
Así que pasaron, sin ningún tipo de información ni de regulación, al libre mercado. Las estafas piramidales encontraron en la población un filón que aprovecharon hasta llevar al colapso total al país en 1997. Tras conocerse la implicación de algunos miembros del gobierno en estas tramas, comenzaron las protestas y las insurrecciones y ya no pararon. Los abandonaron los cuerpos de seguridad, el gobierno se disolvió y también los militares, la población se quedó sola sin nadie que la protegiera.
No tenían otra solución que protegerse ellos mismos, por eso los albaneses robaron todo tipo de armas de los arsenales militares y el país se convirtió en “ciudad sin ley”
Y esto es lo que ha llegado a nuestros días y por eso se les quedo esa sombra de país peligroso, que hace ya 25 años que superaron. Albania es ahora un país igual de seguro que lo es España, puedes salir de noche sola, coger taxis a cualquier parte y moverte con total tranquilidad tal como lo harías en España, más aún si cabe en las zonas rurales, en los que son más amables todavía que en las zonas urbanas. Lo que me recuerda su hospitalidad: la “besa albanesa” que me tiene enamorada. Pero eso es ya otra historia…